domingo, 5 de octubre de 2014

Dichoso y caprichoso destino.

Y se paro el tiempo..., me habló del destino, me propuso cambiar un tuve por un tengo, confusa sin saber que hacer dije sí sin saber a que, no había entendido nada. Con el paseo del tiempo me enamore, ciertamente un amor ciego, pues aunque me trataba muy bien, nunca se acordaba de mi cumpleaños o fecha especial, acción que me hacía llorar desconsoladamente, luego, tal y como  pasaban los días volvía a ser tan feliz como siempre o más, existía una fuerza increíble como un imán que cada vez me unía más y más. Tuve que aceptar su infinita despreocupación por las fechas señaladas, no le daba importancia a ningún tipo de aniversario, sin embargo, siempre estaba ahí conmigo en los momentos difíciles. No sabe de grandes cosas, pero cuando pasa sus brazos por mi cuello me regala la felicidad. Convierte algo tan simple como un beso, en un acto de complicidad. Todos y cada uno de los días me los hace sentir especial, estamos ahí, el uno para el otro haciendo volar los días, pasando por nosotros a tal velocidad que nos falta día, deseando contarlos por semanas y meses para disfrutarlos. Que maravillosa sensación saber se que tu corazón late a compás de otro latido. Espero que nunca faltan los enfados para tener reconciliaciones, las mañanas por haber tenido noche y las sombras para disfrutar de luz. Así que.., aunque no fue fácil, comprendí lo que significó aquel parón de tiempo y aquella pregunta de la que nada entendí, realmente cambié un poco de llanto por un sin fin de sonrisas al estar junto a el. Ese día el destino estaba caprichoso.

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