Desperté del letargo que me produce tu desprecio y la vida me devolvió el olor, el sabor, el sentir el aire y el sol, el perturbarme con el aroma del cafe y el perfume de las flores, sentir la brisa del mar en el rostro y así, abri los ojos y extendi mis alas, empecé a ser yo y sin más, me deshice de ti y vuelvo a vivir.
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