lunes, 24 de agosto de 2015
La aldaba de los deseos.
Tras un periplo, ni corto ni largo, se encontró de frente con la puerta de los deseos, un enorme y amplio portón de color azul cielo con una imponente aldaba para tocar a ella. Había que llamar a la puerta para poder hacer realidad los sueños, pero curiosamente solo miraba, estaba perplejo ante aquella fastuosa puerta, pero el tiempo no perdona y por supuesto no esperaba, pasaba sin dilación. Cuando por fin reaccionó, tocó sutilmente a la puerta, no quería molestar. Ni molestar ni despertar diría yo, porque el portón no se abrió y como un tonto quedó, oyendo todo un mundo atrás sin poderlo tocar. La puerta se hizo mas portón y la aldaba que lejos le quedó, pero de lo malo algo le sirvió, se irrito y a sí mismo se gritó "espabila soñador", corrió una y otra vez hacia la puerta y saltaba y saltaba para tocar la aldaba pero ésta no tocaba con fuerza, era tan grande y lustrosa que se le escurría de entre los dedos. Pero su ímpetu le hacia fuerte, sus deseos le hablaban tras la puerta y le daban el coraje para el empuje final. Tras muchas carreras con saltos fallidos, salto tan alto que se sentó en la aldaba y se balanceo sobre ella. Se balanceo tantas veces, tan fuerte y con tantas ganas, que aquella magnífica aldaba provocaba un enorme sonido, un sonido tan fuerte como para despertar al mundo y eso fue lo que ocurrió, despertó al mundo y perdiendo la absurda verguenza le contó lo que quería, alto y claro. Corrió tras sus sueños tanto, que su recompensa vale demás, que el dolor de piernas por correr y saltar para alcanzar sus sueños.
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