Descubrí que tengo pies.
Cuantas veces hemos oído que no sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos y nos damos cuenta tarde.... tan tarde como que una mañana sientes que estás perdida y no tienes alegría, te has acostumbrado a no recibir nada, te miras al espejo y ves que el tiempo no perdona y su paso se hace cada vez más visible en ti y no lo sientes justo... porque dentro de ti nada cambio, en tu interior está dormida esa niña que fuiste y que callaron sin pedirte permiso y con ella se durmió tu alegría, toda ésta sensación lo que denota es que vino a visitarte la tristeza..... sin invitación ninguna. Intentas que se valla con sonrisas superfluas, creando situaciones ficticias que no dan frutos y no lo consigues, lo único que necesitas es encontrarte y sentir que estás ahí, tu cabeza no para de pensar y tu boca de replicar, hasta que se te ocurre mirar al suelo y te ves los pies y dices: mis pies pisan este suelo, mi cuerpo esta aquí, respiro este aire y empiezas a encontrar lo que perdiste, frunces los ojos mientras piensas desahogada...bien estoy aquí y no quiero volver a sentirme triste, vuelves a mirarte los pies una y otra vez, mientras te rehaces con fuerzas teniendo otra lección de vida aprendida, ya nunca más tardaras tanto en mirarte los pies para darte cuenta que si estás aquí ya es bastante para tener ganas de mirarte en en espejo y sacar fuerzas para seguir adelante.

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