jueves, 1 de agosto de 2013

El tren de las segundas oportunidades, tambien pasa por donde no hay luz

Me gustan los finales felices.

María cerraba los ojos y podía recordar con lujo de detalles la primera vez que le vio, él se acerco a saludar en aquel tumulto de gente que se reunían los sábados en la playa, ella era solo una niña empezando a escribir sus recuerdos, fue verle y empezar a sentir algo nuevo que le hacia perder la cordura y se apoderó de sus pensamientos, a partir de ahí solo necesitaba volverlo a ver.
El le busco, estaban destinados... y empezaron a verse todos y cada unos de los días de sus vidas, sentían una atracción irrefrenable, juntos se volvían unos locos felices en un mundo de irresponsabilidades, que pronto les pasaría factura, factura en la que no pensaban ni por una remota casualidad, juntos se desquitaban de la realidad y se amaban incluso con brusquedad, era una quema de adrenalina mutua que regeneraba sus vidas o eso creían ellos y así se disfrutaban día tras día rozando los límites de lo natural y transgrediendo las leyes de lo saludable.
Y llegó la factura de sus actos, los bajos al sótano de la realidad pasando por distintos pasillos oscuros que no sabían recorrer.
Sus vidas empezaron  a ser como otras muchas almas infelices que pasean por el mundo con falsas máscaras de felicidad, falsos calcos del espejo de la realidad.
Pero en el interior de ambos aun respiraba el recuerdo de antaño, aquella fuerza aún respiraba solo había que saber dosificarla para que su uso fuese beneficioso para ellos, buscó la forma de salir arrollando con lo negativo y empezó a subir peldaños del sótano para abordar por completo la escalera, cruzar largos pasillos en los que ya se empezaba a ver algo de luz, con la rodillas quebradas y los pies cansados llegaron al rellano de sus vidas y ahí estaban ellos compartiendo espacio sin empujarse, acercándose para no caer, encontrándose a si mismos ya con vidas más pausadas y reflexionadas por los recibos de una vida de excesos a la que no querían volver.
¿Quién dijo que no se podía?, que no había segundas oportunidades.....toda lucha tiene su recompensa y ésta es el disfrute mutuo de dos personas que arden con el roce de su piel, que se envuelven en una dulce locura imprescindible para tener cordura a la que ellos llaman amor.
Hoy ambos cierran los ojos para respirar tranquilos y disfrutar de lo conseguido, orgullosos de una familia creada y siguen escribiendo párrafos de una vida juntos que aun no tiene punto y final.



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