miércoles, 23 de julio de 2014

En la ventana

Tenía una ventana favorita por la cual le gustaba asomarse, desde ahí, observaba al mundo y le preguntaba al aire que iba a ser de ella ese día. No tenía hora, momento o situación, cuando necesitaba se asomaba. Los días de ligero viento eran mágicos para ella y si eran fríos mejor, contaba casi en voz alta lo que le ocurría y el viento le contestaba con su frío silbido, rozandole la cara y susurrándole al oído. Había sido una muy muchacha tímida y en ocasiones retraída, por una educación falta de enseñanzas en el amor propio. No podía evitar trasmitir su debilidad y siempre había quien se mofaba o se aprovechaba de ella. Los corazones nobles suelen ser los más tímidos, pero no son tontos y cada vez que le hacían daño corría hacia su ventana y lloraba, aveces tímidamente y otras a grito. Cuando sus desequilibrios eran muy evidentes siempre  había quien le recordaba que no estaba sola, pero cuando lo ocultaba tras una sonrisa y aparente normalidad, solo le quedaba su siempre fiel ventana. Ayer por la mañana le contó al viento lo que le pasaba, estaba muy triste, pues su ventana le dejaba, era decisión de terceros, de burocracia y banqueros, ella lo contaba ... y el aire no le calmaba, la separaban de su ventana, la que le presentaba el mundo por las mañanas, la brisa parecía enfadada, soplaba con fuerza y la despeinaba, le aturdía y mareaba, se agarraba con fuerza al quicio de su ventana y oyó que se quejaba, la ventana lloraba, ya no le enseñaría más las mañanas, no habría más confidencias entre amigas, la ventana rabiaba y lloraba desconsolada. Ella enloqueció y le gritó, "ya no llores ventana, que para mi no hay mañana" y el viento se calmo y ya más nada se oyó. Hoy la casa está vacía, nadie mora sus habitaciones, pero todos dicen ver... una linda mujer asomada a la ventana.

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