Cada mañana, al despertar le observa ensimismada, son sin duda una pareja peculiar, pero el amor no entiende de paralelismos en los cuerpos. Él y su natural forma de moverse, le hacen sin saberlo, dibujante de sonrisas y hacedor de sueños. Ella se sabe enamorada, el brillo en su mirada le delata, con tenerle a su lado se siente dichosa, no le cuestiona, no le pregunta por sus sentimientos y aunque le asalten dudas, disfruta de esa sensación, cuando él la ama libremente y se produce esa mezcla explosiva de reacciones y contrates que provocan un placer infinito, sintiéndose ama y señora de todo y por completo de su ser. Él es un hombre tranquilo y con don de gentes, ella es soñadora e inquieta y ha de ser así, porque el mundo es de los que sueñan y ella lo hace con tanta fuerza que los hace realidad, traspasándose esa fuerza en sí, para poder tomar a él de la mano, saltar obstáculos y crear ilusiones para juntos poder soñar.
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