Sentada en un balcón corriente, en una silla incómoda, sólo sentía la brisa del atardecer en su rostro, pero era su casa y su silla, eso convertía el momento en magnífico. Estaba recordando su vida por momentos y como es dueña de sus recuerdos los moldea a gusto, se siente dueña y señora del tiempo.
Siente el poder de controlar sus recuerdos y se transporta por ellos con un chasquido de dedos.
Así, queda en un profundo sueño, está disfrutando de su vida soñada, chasquido y viaje, chasquido y viaje, cuando se da cuenta que su destino no se puede cambiar, que incluso siendo dueña del tiempo en su sueño, el destino, su destino, la viene a alcanzar y no va a parar hasta que ella no aprenda lo que le vino a enseñar.
Ella empieza a despertar de su sueño, que es su realidad y se da cuenta de que el tiempo se podrá manipular pero nunca doblegar, el tiempo corre libre sin esperar.
Con los ojos abiertos pero sin mirar, empieza a reflexionar, su destino es tan cierto que hasta en sueños la viene a buscar, enseñanzas obligadas que ni echando el tiempo atrás se van a olvidar.
El que conoce su destino y lo sabe aceptar se siente libre de verdad.
Que difícil es aceptar que tu vida es y será lo que tú destino tiene preparado ya y no hay lugar donde esconder ni tiempo al que doblegar.
El tiempo y el destino se aliaron para trabajar y ella levantó de su silla y se puso a caminar, la vida le aguardaba con nuevas sensaciones que probar y luchar.
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