jueves, 8 de mayo de 2014

El poder de controlar el tiempo.

Había nacido mujer, seguramente para sobrellevar todo a lo que la vida le enfrentara, pero estaba hastiada, que larga se le hacía la vida. Ella había oído que cuando se es feliz el tiempo pasa muy rápido y decidió cerrar los ojos por un momento para adueñarse del tiempo.
Sentada en un balcón corriente, en una silla incómoda, sólo sentía la brisa del atardecer en su rostro, pero era su casa y su silla, eso convertía el momento en magnífico. Estaba recordando su vida por momentos y como es dueña de sus recuerdos los moldea a gusto, se siente dueña y señora del tiempo.
Siente el poder de controlar sus recuerdos y se transporta por ellos con un chasquido de dedos.
Así, queda en un profundo sueño, está disfrutando de su vida soñada, chasquido y viaje, chasquido y viaje, cuando se da cuenta que su destino no se puede cambiar, que incluso siendo dueña del tiempo en su sueño, el destino, su destino, la viene a alcanzar y no va a parar hasta que ella no aprenda lo que le vino a enseñar.
Ella empieza a despertar de su sueño, que es su realidad y se da cuenta de que el tiempo se podrá manipular pero nunca doblegar, el tiempo corre libre sin esperar.
Con los ojos abiertos pero sin mirar, empieza a reflexionar, su destino es tan cierto que hasta en sueños la viene a buscar, enseñanzas obligadas que ni echando el tiempo atrás se van a olvidar.
El que conoce su destino y lo sabe aceptar se siente libre de verdad. 
Que difícil es aceptar que tu vida es y será lo que tú destino tiene preparado ya y no hay lugar donde esconder ni tiempo al que doblegar.
El tiempo y el destino se aliaron para trabajar y ella levantó de su silla y se puso a caminar, la vida le aguardaba con nuevas sensaciones que probar y luchar.

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