viernes, 7 de noviembre de 2014

Bajo la marquesina

Más allá de lo que uno puede imaginar, existe ese instante en que nos embarga la felicidad. Le sudaban las manos y se las aireaba como niño pequeño ante algo extraordinario y para él era, su gran momento. Estaba apunto de encontrarse con la mujer que anhelaba, pues él, sentía que aquello que le burbujeaba en su interior era más que amor. Habían quedado en la misma marquesina de autobús donde bajaría ella y luego, irían juntos caminando al cine. Él, se manejaba inquieto al borde de la acera, bajaba y subía de ella constantemente y sus rodillas temblorosas parecieran hacerle bailar. En la espera, fantaseaba en como actuaria con ella en el cine, imaginaba escenas de películas, en la cuál, la pareja se rozaba sutilmente y intercambiaban miradas de amor. Sus manos sudaban cada vez más y seguía aireándolas y moviéndose con pequeños saltitos. Cada vez que veía venir un bus, intentaba disimular su nerviosismo, se retiraba del borde de la acera, no era plan dejarse atropellar, con sus manos sudorosas se agarraba las rodillas bailonas, era entonces cuando se mordía los labios. En otro tanto, ella subió al bus y se sentó junto a la ventanilla, recogiéndose en sí, cuál niña educada, iba imaginando el momento de verle. Su cara dibujaba una sonrisa perpetua y su estomago tenía el capricho de encogerse cada vez que se ve en situación comprometida con él, es su imaginación y hace con ella lo que quiere, no, sin mirar antes si alguien le observa. Toda sonrojada por sus pensamientos se le escapa un suspiro e intenta disimular, empieza a sentir calor y se recoge el cabello. Su estómago vuelve a encogerse y aprieta sus piernas, su parada está próxima. El trayecto se hace infinito a la par que corto, tremendamente corto, ahora es ella quien tiembla y baila al son de sus rodillas, alguien, pulsó el timbre de su parada y respiró aliviada, no sabía si podría llegar, sus piernas no querían obedecer, sólo atienden al baile de nervios. Y el bus llegó a su destino...y en ese momento concreto, voló la felicidad con hermosas alas blancas y aminoro su vuelo para rozarles con su tenue brisa, ambos sonrieron y se encontraron bajo aquella simple marquesina de bus, que en aquel momento cobijaba la felicidad de dos enamorados.

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