martes, 25 de noviembre de 2014
Un cuento de final azul.
Ella, tenía algo especial que le hacía brillar, ya estuviera entre fregona y platos o celebración especial.
Ella, era toda una dama con destellos en azul.
Tenía un sentido especial para detectar malos sentimientos, con solo cruzar mirada, los podía casi leer en el pensamiento del otro.
Una mañana de domingo, decidió ir a pasear con unos amigos, para luego comer juntos.
Una vez en el salón de comidas, empezó a sentir una mala vibración, alguien miraba con desprecio a otro.
La dama intentaba tener una comida agradable, pero aquella sensación la alteraba, sentía como en ella misma aquella mirada de desprecio, que no podía definir de quien y hacía quien era, pues el salón estaba lleno de comensales.
En su intento de sentirse bien, miraba a todos cuantos podía mirar, intentaba detectar quien era y poder protegerse ante aquella nefasta sensación.
Así, logró ver quien era y a quien lanzaba la mirada de desprecio, pero no podía hacer nada, era una mirada tan fuerte que casi apagaba toda su luz y se sentía desvanecer.
Aquella mala mirada iba dirigida a una señora anciana, deteriorada sin duda por el paso del tiempo y que seguramente no dispondría de mucho recurso económico. Estaba sentada a la mesa junto a cuatro jóvenes, pudieran ser sus nietos. Estaba sentada en una esquina del salón junto a la ventana y curiosamente era un joven de su misma mesa quién le propinaba la mala mirada.
La dama azul no disfrutaba de la comida y sus amigos notaban su malestar, ella, se excusaba y tomaba fuerza de las miradas de sus amigos. Luchaba contra el mal sentimiento de aquel joven, que cruzaba mirada con ella, por la casual y estratégica situación de las mesas del salón, sus miradas se cruzaban a intervalos.
La situación llevaba a los límites a la dama, aquel mal sentimiento la agotaba y sin mediar palabra se levantó, atravesó entre mesas el salón y se acerco a la anciana, la saludó amablemente y luchó mirada con mirada con aquel joven, que se sintió dominado por la fuerte y calmada mirada de la dama azul. Enseñandole a ver más allá de una piel arrugada, vio, toda la experiencia que guardaba en el interior. Quedando embelesado, el joven, por el singular brillo que desprendía aquella mujer, el joven e inexperto entendió, que todos en algún momento y con suerte, seríamos ancianos y que es, todo un orgullo tener frente a frente tanta sabiduría concentrada en un frágil y arrugado cuerpo anciano.
Así todos felices, comieron perdices........ FIN
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