Cada día recuerda momentos en la más profunda soledad y aunque, siendo estos felices no puede dejar de llorar, sabe que quien le acompaña en sus recuerdos ya no los tiene, porque un día decidió venderlos al demonio por un rato de falsa felicidad, tan falsa, que habitaba en una cuerda floja sin red.
La vida fue muy complicada en el pasado, estuvo llena de sin sabores y escasa de bendiciones. Pero como en todos los principios, hubo excelentes momentos, momentos que ella los recuerda con la agria sensación de saberlos dulces y amargos, porque solamente los recuerda ella.
Él, redimido de todos sus pecados tiene una mirada brillante, mirada que absorbe todo a su paso, para fotografiarlo y guardar en su memoria, mirada que refleja unas inmensas gracias por su salvación y a la vez, denota tristeza por tener una vida vacía de recuerdos. Ella, una vez más, en un acto de infinito amor le hace participe de sus recuerdos, contándole así, una vida en común con momentos dulces, anécdotas y situaciones compartidas.
Ella, a través de su memoria, le regala a él sus vidas, contada en capítulos felices, dejando atrás sepultados la lacra de la que se salvaron.
Ella podría mentirle y llenar su cabeza de falsos recuerdos, para así, hacer uso de una venganza merecida, pero no, ella es fiel a sus recuerdos, porque sabe, que sus recuerdos son los cimientos de su vida y esos cimientos fueron los que a su vez, sustentaron sus fuerzas para rescatar a él, de las garras de la droga.
Duro es vivir sin recuerdos y más aún, ser consciente que los tienes y que estén perdidos en el tiempo.
Y duro es también, recordar como nos besábamos y sentir que ya estaba sola.
miércoles, 28 de enero de 2015
Una historia sin recuerdo.
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