miércoles, 11 de diciembre de 2013

El inquilino del corazón.

Ésto no es más que cualquier situación que se vive en los corazones. El no sabía buscarse en su interior, nunca pensó que tenía que mirarse hacia dentro para descubrirse, ella le llevaba ventaja hacía años que se encontró, por eso sonreía con asiduidad y los problemas le acompañaban pero no la dominaban.
Era un día de frío de esos que te enfrían la cara y te calientan el corazón. El llevaba un pañuelo alrededor del cuello,  que además de abrigarle le favorecía.
Tenía su propia empresa y ya llevaba un rato desempeñando su trabajo e hizo un parón para desayunar, se dirigió al cafe de enfrente, se quito el pañuelo del cuello lo posó sobre la mesa y tomó su café,  aún le quedaban minutos, así que miró el reloj y reposando la cabeza sobre su pañuelo, quedó unos minutos en la mesa.
Aquel pañuelo desprendía su olor pero también le recordaba algo más, no sabía explicarse que era pero le agradaba y mucho.
El no era consciente de que estaba mirándose en su interior y empezó a pasear por aquella agradable sensación.
Empezó a preguntarse por qué estaba ausente la mayor parte del tiempo y no era capaz de sentir la alegría que le regalaban los demás, ¿por qué?..  Por qué pasaba de puntillas por su vida. Buscando respuestas entró en su corazón y lo vió  triste, pero acogedor, y allí había alguien....estaba en una esquina,  no lograba ver quién era, sólo sabía que si estaba allí,  fue porque el le abrió la puerta.
Ese alguien era quien desprendía aquella dulce sensacion que le agradaba tanto, estaba temeroso de acercarse,  esa distancia le permitía ver una sonrisa dibujada en el rostro pero no distinguir quién era. Decidió adentrarse, era su interior que malo le podía ocurrir. Tenía la necesidad de averiguar quien era su inquilino, cada vez estaba más cerca y su sensacion de bienestar se amplificaba, quien ocupaba su corazón era mujer, era su mujer, ahí fue cuando el sonrió y comprendió....ella estaba en su corazón y el no había sabido encontrarla.  Levantó la cabeza súbitamente,  miró su reloj y lo que creía que eran unos segundos fue casi una hora. Tomó su pañuelo se lo pasó alrededor del cuello y acudió al encuetro de su mujer. Ella como siempre sonreía y está vez hasta le brillaba la mirada, ¡su marido la llamaba! Estando ya frente a frente ella le beso y le quitó el pañuelo del cuello. ¿Por qué?. Preguntó el, y ella sonriendo le dijo ...es el mío corazón.
No!  Respondió, ahora será mío, el me trajo hasta aquí.
Como quieras dijo ella, yo siempre estuve aquí y pasandole la mano por la mejilla nuevamente le beso.
El le hizo un gesto de espera y cual niño pequeño subió corriendo por las escaleras, tropiezo incluido, entró en su habitación y tomó un pañuelo suyo, bajó, se lo pasó a su mujer alrededor del cuello y le dijo que si alguna vez se sentía perdida sólo tendría que reposar su cabeza sobre el pañuelo.
Ella asintió, tocó el pañuelo alrededor de su cuello y enlazó su mano con la de su marido.

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